Un tatuaje no es para toda la vida; es para toda la eternidad

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Los tatuajes no son para toda la vida, sino para toda la eternidad. Quién se lo iba a decir a aquellos presos polacos del siglo pasado, quienes al morir fueron despellejados con el propósito de que el Departamento de Medicina Forense de la Universidad de Cracovia estudiara lo que durante la vida decidieron dejar marcado en su piel.

No contentos con tomar fotografías, los científicos prefirieron guardar la carne real de los presos en botes llenos de formol. Así, la piel resistiría décadas, e incluso siglos, pudiendo ser expuesta en una de las salas de la Universidad, convertida hoy en gran atractivo turístico.

La supervivencia del tatuaje más allá de los sesenta, setenta y ochenta años que pueda resistir una persona, se ha convertido cada vez más en una obsesión para tatuadores, artistas y portadores de estas marcas de tinta imborrables.

Son ya muchos los casos de tatuados que deciden vender su piel por Internet para que una vez muertos la obra que llevan sobre sí mismos perdure contra el destino: galerías que compran cuerpos enteros, museos que toman nota de las ofertas y preparan sus paredes para exhibir rarezas, e incluso performers que ofrecen un lugar en su piel para que tú decidas qué se grabará en ella.

Este último es el caso de Federico Sposato, joven artista cuya propuesta revolucionó la prensa hace unas semanas. Sposato vende su cuerpo para tú puedas marcarlo con tu nombre. Por 60 euros, él te llevará toda la vida en su espalda, sus hombros o su pecho. Ante la idea del arrepentimiento, él asegura que tal cosa no existe. Si hay quien por una casa se hipoteca de por vida, ¿qué significa entonces un tatuaje?

Pasamos la vida dudando de nuestras decisiones. Nadie sabe hoy si aquellos presos polacos eran felices con sus marcas, o si acaso las llevaban como símbolos de duelo o de castigo.

El Departamento de Medicina Forense tomo más de dos mil muestras de tatuajes no ya como símbolos artísticos, sino como piezas fundamentales para entender la vida de aquellos hombres. Cómo se relacionaban, qué sentimientos les procuraba su situación, a quién amaban, a quién habían matado, qué les dolía de esta vida…

Entonces, ¿qué diría mañana la ciencia de nosotros? ¿Seremos simples marcas conservadas en formol? ¿Significarán algo nuestras obsesiones para los ciudadanos del futuro? Un tatuaje es un recuerdo, un recuerdo es un sentimiento, y un sentimiento es eterno. Aunque nosotros ya no estemos y sólo queden nuestros sueños.

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