El traje volador de Haifa

En el Instituto Politécnico de Haifa (Tejnion), en el norte de Israel, desarrollaron el primer traje volador de la historia.

«Funciona, lo puedo confirmar con plena seguridad. El traje funciona», dice a BBC Mundo Yair Segev, estudiante de cuarto año en la Facultad de Aeronáutica e Ingenierí­a Espacial, uno de los participantes en el proyecto.

«Aquí­ se trata de volar sin motor, lo más libre posible, como un pájaro», agregó satisfecho. Yair, uno de los alumnos destacados del profesor Gil Iosilevski que fue el de la idea, aclara que desde hace muchos siglos el ser humano intenta volar sin motor.

«El primer experimento fue creo que ya por el año 800 y el último en 1890, pero nunca se lo hizo cientí­ficamente, sino sólo en base a intuición y estética. Por eso hubo muchos accidentes, muertos y heridos».

Esta vez, no hubo adivinanzas ni apuestas, sino un estudio concienzudo del tema…

«Hay todo tipo de trajes rondando por el mundo, pero por dar un ejemplo de algo que se hace sin estudiar si sirve o no, puedo mencionar el hecho que a veces, la tela que se coloca entre las piernas termina en forma redondeada y eso , desde el punto de vista de los principios aeronáuticos, no ayuda en absoluto», explicó Yair.

En otras palabras, en este proyecto fueron analizados distintos componentes del vuelo-inclusive la fuerza necesaria y soportable en los hombros y brazos si es que se pretende que las «alas» anden bien- desde el punto de vista del estudio aeronáutico.

La ciencia de volar

Cuando preguntamos si le parece bueno el tí­tulo de «Traje Batman» que le puso al proyecto la prensa local, aclara: «Ese término no salió del Tejnion. Nosotros lo llamamos traje de alas».

Yair Segev trabajando en el traje volador
Analizamos el tema, construimos un modelo de figura humana, con articulaciones que se pueden mover como una verdadera persona pero por supuesto más pequeño y lo introdujimos en el túnel del viento
Yair Segev

A pesar de eso, más adelante en la conversación, admitió: «Lo que se trata de hacer es algo parecido a lo que hace Batman, abrir los brazos y volar como deslizándose hacia abajo».

Pues antes de explicar el proceso, aclaremos los resultados.

El traje desarrollado en el politécnico israelí­ permite a quien se tira de un avión o un peñasco a aproximadamente 4 kilómetros de altura, que es, según dice Segev, lo común en el deporte de «vuelo libre»- «volar» hasta aproximadamente 12 kilómetros sin problema.

Esta distancia es mucho mayor que la alcanzada hasta el momento por quienes visten otros trajes no planeados de acuerdo a un estudio del arte, o mejor dicho, la ciencia de volar.

«A nivel cientí­fico, es la primera vez que se hace un traje investigando cómo funciona el vuelo. Pensamos en un traje de alas porque no es algo con lo que la industria se ha ocupado.Es un desafí­o ya que no hay hasta ahora una teorí­a que describa cientí­ficamente cómo funciona el tema, porque no habí­a sido investigado», explicó este estudiante a punto de finalizar su carrera en el Tejnion.

Esto significa que se necesitaba teorí­as muy avanzadas de aeronáutica que en general no se usan.

«Analizamos el tema, construimos un modelo de figura humana, con articulaciones que se pueden mover como una verdadera persona pero por supuesto más pequeño y lo introdujimos en el túnel del viento», cuenta Segev, Aclara de inmediato que se trata de un sistema que funciona en la Facultad de Aeronáutica, que simula condiciones de vuelo a través de un gran ventilador.

Opciones de vuelo


El profesor Gil Iosilevski fue el primero en tener la idea de crear un traje volador de manera cientí­fica.

«Medimos todas las fuerzas que operan sobre la persona, a través de lo que veí­amos en el modelo humano. Probamos diferentes tipos de trajes y vimos cómo funcionaba todo con cada traje existente de distintas formas. Hasta intentamos alternativas, qué pasa si ponemos algo como Superman en el túnel, o una ardilla voladora…», dijo entusiasmado.

Dicho sea de paso, comenta que en el análisis de todos los parámetros y funcionamiento de la operación de vuelo, llegaron a la conclusión de que a la velocidad en que vuela, la capa de Superman no podrí­a, en realidad, ir estirada como va, sino que quedarí­a «pegada a su espalda».

Pero eso, claro, es sólo un comentario anecdótico en medio del estudio general. Tras analizar todas las opciones, adoptar el traje que mejor funcionó e introducir las mejoras necesarias, se llegó al traje definitivo «que funciona muy bien», según Yair.
Preguntamos cómo tiene tanta certeza, si nadie voló con él tirándose desde un avión.
Yair sonrí­e y dice con tono muy seguro: «Porque lo probamos en el túnel del viento, que es algo sumamente exacto. Es un túnel idéntico a éste el que se usa en el proceso de planificación de aviones y misiles… así­ que su exactitud, es algo seguro».

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