Omar Aziz robó bicis durante 13 años para pagarse su adicción al crac. Explica cómo proteger tu bici ante robos

Artículo leído en The Guardian. Aunque la experiencia se refiere a Londres, hay bastante aprovechable para Madrid.
Omar Aziz estuvo robando bicis desde los 17 hasta los 29, edad en la que consiguió desengancharse del crac. Ahora quiere compensar por el daño hecho. Realiza voluntariado social en su barrio, y ha querido dar unos consejos a los lectores de The Guardian para que puedan evitar el robo de bicis.
Durante su adicción, Omar robó una cantidad considerable de bicis: “Cuando lograba colocar una, me fumaba lo que había ganado. Según terminaba de fumar, iba a pillar otra” dice. Los robos más fáciles eran bicis atadas con malos candados. “Algunos van a lo barato y compran candados muy cutres. Me bastaba con tirar un poco de la bici para romperlos”
bici robada
Lo que ates a algo fijo con un buen candado es muy probable que no te lo roben (Av. Mediterráneo, Madrid. Foto de Jesús Machín)

Hoy Aziz asegura su propia bici con dos candados fuertes, atando con ellos el cuadro y las dos ruedas. Los ladrones pueden romperlos con el equipamiento adecuado, pero lleva tiempo y hay que tener herramientas especializadas. E incluso así, no siempre es una medida efectiva. En una ocasión, habiendo echado el ojo a una bici golosa, Aziz robó primero las herramientas apropiadas y pudo llevarse su presa.

Por lo que cuenta, la videovigilancia no es disuasoria. “Incluso con cámaras delante, a los ladrones se las trae floja. Lo mejor es dejar la bici en un lugar con mucha gente” Aún así, incluso las calles más atestadas se quedan vacías a alguna hora, así quecuando Aziz tenía intención de quedarse con una bici concreta, pinchaba alguna rueda. De esta manera el dueño la dejaba en la calle un tiempo más. “Si os encontráis con la rueda pinchada, no lo dudéis. Lleváos la bici en ese mismo momento porque alguien le ha echado el ojo y va a querer quedarse con ella en cuanto pueda.”

Las bicis caras hay que subírselas a casa. Siempre que el camello de Aziz se enteraba de una bici buena aparcada por la zona, enviaba a Aziz para que se hiciera con ella. Los ladrones también se fijan en las bicis caras que aparcan en el mismo sitio con regularidad. Para quien deje su bici fuera muchas horas, lo mejor es que tenga una bici alternativa más barata. 
Cuando Aziz robaba bicis caras las llevaba lo más lejos posible para revenderlas, aunque jamás le pagaran más allá de 20 o 30 libras por ella – el precio de unos pocos gramos de crac. “Solía robar las bicis de 800 libras cuando tenía mucho mono, y las vendía en seguida por 20. A veces estaba muy desesperado. Las paseaba por bares, cafeterías, Kebabs. La gente las compraba sin reparo, se daban cuenta de que era un yonki y de que era robada. Seguro que por 20 se la sacas, que está muy enganchado, se decían al verme”.
En Londres, Aziz se dio cuenta de que era muy fácil vender bicis robadas. “Es muy improbable que te pillen. Simplemente la coges, y te vas rodando con ella. Las suelen pintar para que ni siquiera puedas reconocerla. En Londres nadie lo va a saber, nadie te va a parar… Puedes robar una en el norte de la ciudad, y con venderla en la zona oeste, no te pilla ni Dios.”
Aziz siente remordimientos por su etapa de ladrón cuando era adicto. “Si sé que no está bien. Por eso hago voluntariado, para reparar de alguna manera el daño causado. Es que ni siquiera lo hacía para sobrevivir, sino para pagarme mi adicción. Mal, mal”.
Hace dos semanas, fue el propio Aziz el que sufrió el robo de su bici mientras compraba tabaco en una tienda del barrio. Telefoneó a la policía pero se quedó sin saldo, así que decidió encontrar él mismo al ladrón. “Fueron sólo 10 segundos fuera de la tienda, el tiempo de comprar una cajetilla. Y al salir, ya no había bici”. “Me cabreé mucho, muchísimo. Si hubiera pillado al ladrón en ese momento…. no sé lo que le hubiera hecho, de verdad. Uno recibe lo que ha sembrado, me dije después. Por suerte para él, pasó una semana hasta que le encontré: Me dijo que la había comprado por 2,50 libras…”

“Para mí fue muy duro, de verdad. También estaba enganchado al crac, lo podía ver en su cara, estaba fatal y sentí lástima por él. Pensé, qué hago ahora con este tipo. Pero no lo pueden evitar, ven tu bici y… si les das la oportunidad, la roban y punto. No puedes dejarla sin más, no es seguro. Allá donde vayas, ata bien tu bici siempre”.

 * Omar Aziz no es el nombre real. No ha recibido ninguna contraprestación económica por hablar con The Guardian.