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Esta es la historia de un kebab que se sirve con extra de salsa de tomate turco. Concretamente, con casi 3 litros de sangre, la cantidad que perdió el británico James Hobbs esperando a la ambulancia tras ser degollado en un döner kebab de la localidad de Highbridge, Somerset (U.K) en febrero de 2011.

Se acaba de celebrar el juicio de aquello y James ha hablado, después de tener que operarse la traquea para poder respirar y contar 27 grapas en su cicatriz de casi 13 centímetros:“Instintivamente me puse el kebab al cuello para detener el flujo sanguíneo. Es pura suerte que tuviera hambre” relata a la BBC, dibujando el acontecido de aquel día en el doner de la avenida Longstone.

Su agresor, Jamie Edney, ha sido condenado a 5 años y medio de cárcel por lesiones corporales graves, la menor de las penas por las circunstancias atenuantes, ya que afirmó en el juicio que se le cruzaran los cables tras coincidir con James y su primo en el local; y que ellos comenzaron primero a increparle.

El señor Hobbs le había acusado anteriormente de tener una aventura con su novia y, al encontrárselo, el agresor cogió un cuchillo para, durante la posterior trifulca, acabar dibujándole una sonrisa baja de dimensiones mortales.

Los médicos le dijeron que tenía mucha suerte de estar vivo. Y que la presión del kebab sobre la herida le dio un ingrediente extra a su vida que no tiene precio.

En la foto de la derecha (mirando para la izquierda), Jamie Edney, el acusado.

En la foto de la derecha (mirando para la izquierda), Jamie Edney, el acusado.