Hugo Fernández

La perfección no existe. Sin embargó Hugo Fernández, un venezolano de 48 años, buscó aproximarse a ella. Lo hizo sin éxito. Y no sólo eso, sino que quedó gravemente perjudicado de por vida.

Se vio unas arrugas en el espejo y aprovechando que es estilista decidió hacerse un selfie. Un selfie de estilista que consistió en inyectarse aceite de bebé en la cara. No se imaginó que ese grave error le provocaría una deformación paulatina que ha afectado de forma irreversible a su rostro.

Especialmente afectado ha quedado su ojo izquierdo, por el cual debe utilizar un ‘tape’ para poder tener una visión correcta. Sin embargo, este venezolano no ha quedado así por esta locura atroz sino también por operarse en nariz, labios, cejas, orejas y cuello.

Sus amistades dicen de él que es más fácil saber las partes del cuerpo que no tiene operadas que las que sí.