Salen a la luz diarios de viaje del escritor. Revelan que sus estancias de 1878 y 1884 en la ciudad fueron más largas y provechosas de lo que se creía. Vio la procesión del Cristo y la Reconquista

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«Ya hablaré con usted de los lugares que visitamos; todo es verdaderamente hermoso. Vigo, Lisboa, muy hermosas, de verdad, y nos acogieron muy bien por todas partes». Esto dejó escrito, de su puño y letra, el inmortal escritor francés Julio Verne en una carta a su amigo y editor Pierre-Jules Hetzel. Está datada en la capital portuguesa el 6 de junio de 1878. Hacía solo dos días que había dejado atrás la ciudad gallega y todavía seguían en su cabeza las impresiones de la visita.

El autor de 20.000 leguas de viaje submarino se enamoró de Vigo. No cabe duda ante los documentos inéditos rescatados por el investigador italiano Piero Góndolo della Riva, el mayor especialista mundial en Verne. Pertenecen al diario de viaje del escritor de Nantes y actualmente se conservan en la biblioteca de Amiens. En esos papeles «aparecen reseñados todos los detalles de las estancias del autor en la ciudad, en 1878 y 1884». Así lo explica el periodista y escritor vigués Eduardo Rolland, que este lunes presenta el libro Verne en la bahía del tesoro. Gracias a su trabajo salen ahora a la luz esos cuadernos, que sorprenderán a más de un historiador y tumbarán unas cuantas creencias erróneas sobre las visitas a Vigo del escritor, documentadas hasta la fecha únicamente por las reseñas de periódicos, entre ellos el primer diario que se fundó en Vigo, La Concordia.

Rolland estuvo el pasado mes de septiembre en Barcelona participando en el Congreso Internacional Verniano. Allí, los devotos del genio le convencieron de que Vigo ese estaba perdiendo un tesoro al no aprovechar la gran relación que tenía con el literato más traducido de la historia después de Agatha Christie.

Los cuadernos de viaje sirven para empezar a paliar esa situación. Por lo pronto, revelan que Verne no pasó un solo día en la ciudad en su primera visita con el yate Saint Michel III. En realidad fueron cuatro, del 1 al 4 de junio de 1878. Le dio tiempo a hacer de todo, desde asistir a la procesión del Cristo de la Victoria («Mujeres sobre las rodillas durante cuatro horas», anota en el diario el día 2) a conocer las fiestas por la Reconquista, que en aquel entonces se celebraba en el mes de junio y que, obviamente, no contaban con la moderna representación que hoy en día hace la asociación vecinal del Casco Vello. «Fiesta por la independencia recobrada en 1809 sobre los franceses. Fuegos de artificio. Música. Admisión al Casino. Iglesia reciente, murmullos, no hay sillas», apuntó el galo el sábado día 1. La iglesia, como señala Rolland en su concisa y precisa investigación, no es otra que la Colegiata de Santa María.

El domingo 2 de junio, conocerá la ensenada de San Simón que fue escenario de la batalla de Rande y que él mismo ya había inmortalizado con el Nautilus en un capítulo de su libro 20.000 leguas de viaje submarino. «Un verdadero fiordo», así lo bautiza en sus escuetas anotaciones. Verne, que estará también el baile de la sociedad recreativa La Tertulia, recibe todo tipo de visitas de cargos oficiales y por supuesto agasajos, ya que es un escritor mundialmente reconocido en su época.

Góndolo della Riva también ha salvado los escritos de Verne durante su segunda visita a la ciudad gallega, seis años después. Esta volvió a ser accidental (la primera fue debida a un temporal) porque la escala no estaba programada sino que se produjo por una avería mecánica en el Saint Michel III. El escritor francés describe el lunes 19 de mayo de 1884 su entrada en la ría contemplando las islas Cíes y el fondeo posterior. En tierra es recibido por el cónsul de su país y se toma un café en la Plaza de la Constitución. Al día siguiente vuelve a hacer vida social y sube hasta la fortaleza de O Castro. «Vista admirable. La bahía y los valles», escribe. Algo que suscribirían con el paso del tiempo los miles de turistas que imitan, sin saberlo, esa subida al monte vigués.El puerto, pulmón económico de la ciudad, y la «campiña viguesa» también forman parte de los itinerarios que hoy en día bien podrían servir para conformar rutas turísticas.

Un dato importante de esta segunda estancia en la ciudad es el hecho de que Julio Verne no haga ninguna mención en sus diarios de viaje al industrial vigués Antonio Sanjurjo Badía, propietario de los talleres La Industriosa a los que recurre para reparar la avería de su barco. No hay pruebas de la supuesta amistad que el escritor tenía con el constructor del submarino, pese a lo metódico que es el francés en sus anotaciones diarias. Rolland ha comprobado, a través de los mayores expertos en Verne, que este no tenían ninguna carta de Sanjurjo.