ESTA IMPRESIONANTE FOTOGRAFÍA MUESTRA A UN HOMBRE DE 69 AÑOS QUE TRABAJÓ BUENA PARTE DE SU VIDA COMO CONDUCTOR DE CAMIONES, EXPONIENDO AL SOL UNA MITAD DE SU ROSTRO MÁS QUE LA OTRA; UN EJEMPLO CASI INCREÍBLE DE LO QUE LA RADIACIÓN SOLAR PROVOCA EN LA PIEL HUMANA.

cara-efectos-sol-piel

En años recientes hemos atestiguado el surgimiento y la popularización de campañas que nos previenen contra los efectos del Sol sobre nuestra piel, particularmente cuando nos exponemos a sus rayos durante un periodo prolongado y sin la protección necesaria. Y si bien nuestro cuerpo también necesita de la luz solar para funcionar correctamente y cumplir ciertos procesos elementales (por ejemplo, la fijación del calcio en los huesos), en este, como en otros casos, cabe la consabida consigna de que todo en exceso se vuelve perjudicial.

Prueba de esto es la fotografía que acompaña esta nota. Como se puede ver, el rostro retratado está visiblemente dividido en dos: por un lado, una faz que si bien manifiesta ya las señales propias del envejecimiento natural (arrugas en los ojos y en las comisuras de la boca, en la frente, etc.), posee un aspecto inmejorablemente saludable en comparación al otro extremo, en el cual las grietas observadas hacen pensar de inmediato en alguno de esos eriales castigados por una sequía inclemente.

Esta dualidad, que parecería producto del maquillaje que se aplica en la fabulación cinematográfica, es sin embargo totalmente real. El rostro pertenece a un hombre de 69 años que prefirió mantenerse en el anonimato, pero de quien se sabe que durante 28 años trabajó como conductor de camiones, oficio que, entre otras particularidades, le valió exponer al sol una parte de su rostro más que la otra.

El caso ya fue retomado por investigadores de la Northwestern University de Chicago, como un ejemplo insigne del efecto que los rayos ultravioleta del Sol ejercen en los procesos de envejecimiento y deterioro de la piel humana.