Lees algo así y, automáticamente, piensas “¿qué nos están ocultando?” y “¿por qué nos dijeron que no existían?”.
Situémonos: Nueva Orleans, EE.UU. (en cierto modo no podía ser en otra ciudad). Joseph Lancellotti, jubilado de 67 años, escucha gritos que llegan de su jardín, mira por la ventana y ve a un tipo que, torpemente y enajenado, camina por su propiedad.
Lancellotti se dirige hacia él para saber qué le pasa. No comprende lo que grita el sujeto porque no entiende esa mezcla de español y gemidos que emite su boca, así que se acerca cada vez más armado de un rastrillo, por lo que pueda pasar.
Sin embargo ni él ni nadie podía adivinar lo que pasaría a continuación. El enajenado se lanza contra Joseph, le hinca los dientes en el brazo, le arranca un pedazo de carne y se lo traga…
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